uno psicologo fuori dall'ordinario vuole aiutare uno scrittore che ha perso l'ispirazione, il film è qui, una sceneggiatura a orologeria, ma niente di speciale.
Ricardo Darín è il protagonista, e, come sempre, non sbaglia un colpo.
intrattiene per il tempo del film, nulla più.
buona (psicologica) visione - Ismaele
…La película resulta ser una comedia dramática, un
tanto negra, desde luego, entreverada de thriller o intriga, con un bien gradado
sentido del suspense, con alguna escena que incluye a cierto gato que consigue
suspender el ánimo del espectador, una escena resuelta con una pericia casi
hitchcockiana, a quien se le rinde algún que otro homenaje (hablar de La ventana indiscreta no sería ocioso) seguramente inevitable, dada la premisa de la historia
y su planteamiento. Hay un par de potentes giros argumentales que descolocan
sanamente al público, giros no previsibles (lo que tanto se agradece en estos
tiempos en los que todo se ve venir en los productos audiovisuales), giros que,
por supuesto, no deben desvelarse, y que son esenciales en el desarrollo del
film, el primero porque marca el devenir de la historia, el segundo porque
contribuye fundamentalmente a su desenlace.
Hay en la película una cierta crítica hacia
aquellos profesionales que, sin duda con la mejor voluntad, en psicoterapia,
pero también en cualquier otra actividad, se implican tanto en los problemas
que tienen que resolver que pueden terminar (aparte de pasarse la ética por el
arco del triunfo…) resultando perjudiciales para las personas a las que
pretenden ayudar. En ese sentido, es verdad que la premisa de arranque, con el
planteamiento y el nudo, nos parece superior al desenlace, que al margen de ese
giro de guion que no se ve venir, está despachado con un “vámonos que nos
vamos” que parece indicar que ya se estaban pasando de metraje y hay que
terminar…
Pero el conjunto es agradable, un entretenimiento
lúdico para adultos, un juguete cargado de cierta mala uva, con ese muy
peculiar psicoterapeuta que interviene, y de qué modo, en los problemas de sus
pacientes a los que con demasiada frecuencia termina jodiéndoles la vida.
Gran trabajo, como siempre, de Ricardo Darín,
para nuestro gusto uno de los mejores actores argentinos de todos los tiempos
(y mira que el país da intérpretes magníficos…), pero también del menos
conocido Diego Peretti, que hace toda una creación de este escritor de ancestros
galos, personaje que él hace creíble en sus neuras de autor bloqueado que
necesita emborracharse para crear.
…La película reservará una serie de giros sorpresivos para
el final, le sumará la aparición de un reconocido actor invitado y ofrecerá
algunos apuntes graciosos sobre la literatura, el cine y hasta la televisión,
pero no irá demasiado lejos con eso. De hecho, por la manera en la que subtramas
y motivaciones aparecen y desaparecen casi sin aviso, por momentos da la
impresión que el montaje final ha dejado algunas escenas un tanto de lado. Más
allá de eso, Lo dejamos acá trata de
revivir el espíritu de la comedia de suspenso clásica —la banda sonora apuesta
directamente a un toque retro— con algo woodyallenesco
dando vueltas por ahí. Y por momentos consigue su cometido: conectar con la
vieja magia del cine de Hollywood.
…La reunión entre Darín y Peretti es uno de los atractivos
más evidentes de la película. No solo porque ambos ya compartieron pantalla en
Música en espera, porque existe entre ellos una química que permite que buena
parte de las situaciones encuentre un tono particular. Goldfrid conoce bien ese
terreno. Ya había trabajado con Peretti en su debut, Música en espera,
y con Darín en Tesis sobre un homicidio. En Lo dejamos acá vuelve a
reunirlos dentro de una historia que necesita precisamente de esa tensión entre
dos personalidades fuertes.
Ulises es un personaje
que se cansó de la pasividad. La terapia, para él, se convirtió en un
territorio demasiado previsible. Escuchar, interpretar, esperar y volver a
escuchar ya no le produce ninguna satisfacción. Quiere resultados. Quiere
comprobar que sus intervenciones tienen un efecto visible. Por eso cruza
límites que, en principio, deberían permanecer intactos.
Pero ahí aparece
una de las cuestiones más interesantes del personaje: su aparente vocación de
ayuda tiene una relación bastante estrecha con su propio ego. Cada vez que
consigue modificar la vida de alguien, Ulises obtiene algo a cambio. Hay placer
en esa capacidad de intervenir, una sensación de poder que excede cualquier
intención terapéutica. Resolver los problemas de los demás empieza a ser
también una manera de alimentar una imagen favorable de sí mismo…
…Lo
dejamos acá es una película estimulante, sostenida por un guion
ingenioso y grandes interpretaciones, que arranca con una premisa de enorme
interés y sabe conducirla hasta un territorio inquietante. Su límite está en la
indulgencia final: Goldfrid parece preferir la complicidad a
la confrontación y ofrece una salida demasiado conveniente. El público, que
conoce la situación desesperada del personaje y siente simpatía por Darín,
acepta de buen grado un desenlace que difícilmente resistiría un examen de
verosimilitud. La película nos hace sonreír, sí, pero a costa de renunciar a
parte de la hondura moral que había alcanzado.
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