mercoledì 28 giugno 2023

Non si deve profanare il sonno dei morti - Jorge Grau

una coproduzione spagnola, italiana e inglese, quando ancora c'era il franchismo.

un tutore della legge che non capisce niente e alla fine fa il giustiziere di una vittima non è che facesse godere il fascismo spagnolo, e infatti il film fu girato in Inghilterra.

il film dà molto di più di quanto ti aspetti, un po' zombie, un po' poliziesco, un po' la tecnologia assassina, non ti annoi un secondo.

gran bel film, promesso.

buona (mortale) visione - Ismaele

 

 

 

 

QUI il film completo, in spagnolo

 

 

 

Dietro a Non si deve profanare il sonno dei morti c’è un produttore attento come lo scomparso Edmondo Amati, responsabile di molto cinema di genere, da Lucio Fulci (All’onorevole piacciono le donne (Nonostante le apparenze… e purché la nazione non lo sappia), 1972, Una lucertola con la pelle di donna, 1971), all’apocalittico (Apocalypse domani, 1980, di Antonio Margheriti) alla commedia erotica (Il letto in piazza, di Bruno Gaburro, 1976, La moglie vergine, di Marino Girolami, 1975). Ma c’è anche un regista spagnolo, Jorge Grau, autore l’anno precedente di Ceremonia sangrienta (Le Vergini cavalcano la morte, 1973), successo con Ewa Aulin e Lucia Bosè nel ruolo di una contessa che scopre il segreto della giovinezza nel sangue di giovani donne.
Non si deve profanare il sonno dei morti, scritto da Grau con Sandro Continenza come già il precedente film, ha un inizio rassicurante: George parte da Londra alla volta della campagna inglese, dove sta facendosi costruire una casa, lasciandosi alle spalle inquinamento e stress. Lungo la strada, un’incidente con una giovane ragazza, Edna, lo porta a proseguire il viaggio con lei, che si sta recando in visita dalla sorella con problemi di tossicodipendenza…

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Si parla fondamentalmente della natura, la natura è fatta in un certo modo, bisogna rispettarla per quella meraviglia che è, non bisogna modificarla ne alterarla con mezzi meccanici o artificiali. Lo Zombi è chiaramente una esagerazione del problema o della critica fatta ma serve proprio per far capire a che tipi di disastri si può andare incontro se continuiamo a fare tutto quello che ci passa per la testa. E' così che questo film va visto e interpretato.

Il film è riuscito completamente, è girato alla stra-grande, le riprese sono perfette, fotografato benissimo, gli attori sono bravi...gli effetti speciali fatto a mano rendono tantissimo...ci sono almeno tre scene che fanno veramente rabbrividire. La scena del cimitero è grandiosa!!!

Per gli amanti dello Zombi-Movie questo è un film assolutamente da non perdere, sopratutto per chi ama e capisce il cinema di Romero potrà godersi e apprezzare in pieno "Non si deve profanare il sonno dei morti".

Un film interessante in tutto e per tutto che tra l'altro mette un pò in luce anche l'odio rivolto verso gli hippie e i rivoluzionari, il nostro protagonista ha chiaramente molto dell'hippie e del rivoluzionario anarchico...proprio per questo è odiato da un ispettore che o a prove o non le ha si scaglia contro di lui. Ed è forse proprio l'odio dei perbenisti e dei moralisti verso il movimento hippie che va a sovrastare ogni logica. Durante il film infatti avremo la netta sensazione che i protagonisti vengono presa di mira dalla polizia più per la loro "lunghezza di capelli" che per le prove che in realtà ci sono contro di loro.

Vedete quindi quanti temi vengono sviluppati in questo film...un motivo in più per vederlo, capirlo e interpretarlo nella giusta maniera.

Un gran bel film, assolutamente consigliato. Da vedere assolutamente.

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Se trata de una coproducción entre Reino Unido, Italia y España. La mayoría del metraje está rodado en los estudios de Cinnecitta (Roma), los exteriores iniciales pertenecen a la ciudad de Manchester, y el resto se rodó en los estudios de Cine Arte (Madrid). Podemos decir que es un producto atípico para la época por muchos motivos. Empezando una factura fuera de los estándares españoles del momento, seguido por su estructura narrativa o por la planificación muy al uso de los largometrajes norteamericanos de aquella época, donde el uso del sonido y del fuera de campo juegan un papel importante, sobre todo en la primera mitad del metraje…

…el film posee más carga socio-política, porque se erige en todo un alegato contra la dictadura, el poder y la autoridad. Estos valores están encarnados en el personaje del inspector interpretado con eficacia por Arthur Kennedy. Frente a él se erige la libertad de expresión y la democracia, que podemos ver representados en el papel de George, que inclusive en la secuencia 1 se le describe como un intelectual, que valora la historia, ya que es un anticuario. Aquí hay que destacar la gran labor del departamento artístico, maquillaje y vestuario, al presentarnos a ambos personajes. El inspector viste de manera sobria, gabardina, y perfectamente peinado hacia atrás. Mientras que con el personaje de George no hacen de él un hippy melenudo al uso. Todo lo contrario, le dan un aire intelectual y racional, con esas camisas y chaqueta de cuero negro. Ambos personajes estén en constante conflicto…

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No Profanar el Sueño de los Muertos supera por mucho su esquema Clase B primigenio debido a que construye con dedicación e inusitada vehemencia la destrucción paulatina de Southgate -en un delicioso periplo del caos que comienza en el cementerio en cuestión para a posteriori pasar a la morgue, las calles y el hospital- y porque en simultáneo redondea un entramado discursivo que trabaja tópicos muy raros para el terror de la época como por ejemplo la ecología (Meaning escapa de la contaminación, el ruido y la sobrepoblación de Mánchester hacia la aparente tranquilidad de la campiña británica, no obstante allí se topa con esos necios del Ministerio de Agricultura haciendo de las suyas con una tecnología siempre utilizada para el lucro sin conciencia alguna que destruye lo natural y sus procesos básicos), el fuerte choque generacional del momento (el payaso de extrema derecha del Inspector acosa, zarandea y hasta golpea a George porque lo considera un “resumen con patas” de todo lo que odia, hablamos por supuesto de la contracultura, la juventud en tanto estrato social autónomo y los coletazos del hippismo del primer lustro de la década del 70), y la lucha entre facciones dentro del marco institucional/ estatal (mientras que el Inspector es un claro exponente de la “mano dura” en materia de combatir al delito, el Juez Perkins de Francisco Sanz, en cambio, ofrece una opción más blanda aunque con la paradoja de haberle metido en la cabeza al anterior que Meaning es el líder de una banda de satanistas que se dedican a menesteres varios del rubro como profanar tumbas, celebrar misas negras y mutilar y quemar cuerpos sin vida en honor al eterno Mefistófeles, cuando en realidad el muchacho descubrió que el fuego es la única forma de detener a unos zombies lentos pero con una fuerza colosal que vuelcan no sólo a aplastar pechos, arrancar partes de los vivos y masticar su tierna carne sino también a hacerse de cruces y lápidas para arrojárselas en la espalda a sus víctimas de ocasión, como le ocurre a ese Oficial Craig de Giorgio Trestini).

Más allá de ingredientes paradigmáticos del cine de horror de su tiempo como las tomas objetivas que de repente se transforman en subjetivas desde el punto de vista de un muerto que camina, en línea con el recordado plano de presentación del Hospital de Southgate, y delirios varios que obedecen a la dinámica adicional del sexploitation, como esa chica que corre desnuda al principio del relato por las calles de Mánchester sin explicación alguna o el berretín bien sádico/ morboso de Martin de sacarle fotos sin ropa a su mujer en medio de su angustia a raíz del síndrome de abstinencia, la realización de Grau, con guión de Sandro Continenza, Juan Cobos, Marcello Coscia y Miguel Rubio, por un lado combina de manera magistral el cine de zombies y la ciencia ficción apocalíptica, esta última dándose cita tanto vía la mentada máquina de la tecnocracia estatal eficientista que experimenta con la población de modo indirecto como a través de esas bizarras cámaras frigoríficas grisáceas de la morgue de Southgate, y por el otro lado se hace un festín con el carnaval gore de las masacres en secuencia cual virus de impronta política implícita que no deja de expandirse aprovechando la inefable estupidez de los seres humanos y toda su autoconfianza/ soberbia; regalándonos de paso escenas estupendas de canibalismo como la del cementerio, la del tanatorio y aquella legendaria del hospital, una que anticipa el amor por las truculencias de Lucio Fulci de la mano del hachazo de un muerto viviente contra el cráneo del Doctor Duffield y la arremetida de los zombies contra una enfermera a la que le arrancan una teta y le meten la mano en la entrepierna para también sacarle un lindo pedazo de carne de la zona vaginal. Entre la histeria retórica más gloriosa, algo de sensualidad e ironías macabras, una muy buena fotografía de Francisco Sempere y un genial desempeño de Giuliano Sorgini y el propio Grau en materia de la música y el sonido minimalista y muy tétrico de la máquina, aquí el director todo lo hace bien y a pura vertiginosidad irrefrenable en función de una película que recorrería el globo sin descanso recibiendo la friolera de un par de decenas de títulos alternativos que van desde el muy aparatoso del mercado inglés, The Living Dead at Manchester Morgue, hasta los dos del enclave norteamericano, Don’t Open the Window y Let Sleeping Corpses Lie…

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