sabato 19 novembre 2022

70 Binladens - Le iene di Bilbao - Koldo Serra

uno dei tanti film su una rapina in banca, variazioni sul tema, si citano altri film di rapine, però 70 Binladens ha una sua originalità.

sceneggiatura a orologeria, attori bravi e convincenti, con tanti piccoli grandi dialoghi, per esempio la testimonianza che il direttore chiede a un'impiegata.

e poi saprete anche che cosa è un binladen.

buona (claustrofobica) visione - Ismaele


 

 

 

La película es intrigante, tiene tensión, situaciones dramáticas, violencia, algún momento de humor irónico, y logra mantener el interés gracias al guion escrito por Javier Félix Echániz, Asier Guerricaechevarría y Juan Antonio Gil Bengoa, y que tiene un plano secuencia en los minutos iniciales que está muy bien rodado. La dirección de fotografía de Unax Mendia es parte importante para lograr esa atmósfera de tensión, al igual que la música de Fernando Velázquez. Este último ha compuesto una banda sonora diferente a la de sus anteriores proyectos, ya que por indicación de Koldo Serra, nos presenta una música que mezcla el soul y el jazz, y que es perfecta para crear ese ambiente setentero que está presente durante todo el metraje.
Una notable película fácil de recomendar, tanto a los aficionados al cine de atracos como a los que disfrutan con una historia con mucha tensión, muy bien rodada y con grandes interpretaciones.

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Desde que los atracadores entran en la sucursal el ritmo de la cinta te engancha totalmente no dejando ningún tipo de pausa para el aburrimiento. El metraje está repleto de incidencias, giros y sorpresas bastante bien calculados. Así las cosas, ‘70 Binladens’ se disfruta desde el principio y hasta el final. 

La cierta novedad a los homenajes anteriores la introducen los guionistas a través del personaje de Emma Suárez. Su Raquel se convierte en fundamental en toda la trama y en las comunicaciones con la Ertzaintza usando un lenguaje “encriptado”. Me refiero a palabras claves que van ocultas en sus frases y que los agentes de la Ley deberán resolver a modo de puzle. Esto hace el film se vuelva más interesante y te pone en una situación de ventaja frente a los atracadores. Me refiero a que sabes que dentro del banco ella también se la está jugando porque tiene mucho que perder: su hija. En consecuencia, el interés y la tensión se multiplican…

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Otras veces puedo recrearme más con otros asuntos, pero en esta ocasión no puedo aguantarme e ir directo a lo que digo en el titular de la crítica. Emma Suárez y Nathalie Poza son el alma de ’70 Binladens’. Tanto la concepción de sus personajes como la ejecución de las intérpretes es se salen de lo común. Ambas actrices de talento y ambos personajes diferenciados de otros muchos que hemos visto en situaciones similares. El de Emma Suarez se desgrana poco a poco y desafía tanto a los atracadores como al espectador. El de Nathalie Poza parece una imponente presa de ‘Vis a Vis’ (por usar un referente actual), enrabietada y dispuesta a todo. La dos protagonizan un cara a cara que no tiene desperdicio y que se hace con el protagonismo del filme intencionadamente desde el comienzo. Espero que la distancia con la próxima temporada de premios no sea un impedimento para ver nominaciones de este filme.

¿De qué va? Sencillo. En una sucursal ubicada en el País Vasco unos atracadores irrumpen con el plan de llevarse una gran suma de dinero de la caja fuerte dando así el palo de su vida. Cosas del azar, en el local se encuentra otra mujer que está igual o más desesperada que ellos por conseguir dinero, en concreto 35.000€, o lo que es lo mismo 70 billetes de 500, los que llamamos Binladens, por eso de que cuesta encontrarlos. Esa confluencia de desesperaciones hace que este atraco sea más largo de lo esperado…

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venerdì 18 novembre 2022

Il regno - Rodrigo Sorogoyen

non sempre ai politici corrotti va bene, uno su mille non ce la fa, canterebbe Gianni Morandi.

il film è intenso e avvincente, quasi quasi ti sta simpatico (per qualche istante) quel corrotto di Manuel, solo perché tutti gli altri lo usano (o vorrebbero usarlo) come vittima sacrificale e andare avanti come sempre.

Antonio De La Torre è formidabile, il film è lui, è sempre in scena e tutti gli altri sembrano comparse.

un film a 100 all'ora che merita, e Rodrigo Sorogoyen è sempre una garanzia.

buona (corrotta) visione - Ismaele


 

... Thriller drammatico spagnolo che ha diversi buoni spunti e qualche cosa che invece gira meno. Riguardo ai primi, abbiamo la radiografia del carattere e della vita di una persona – bravo Antonio De La Torre nella parte di Manuel – ma soprattutto l`analisi accurata del sistema di corruzione politica che vive e prospera in SpagnaIl ritmo della trama è veloce, in particolare nella prima parte della pellicola, e viene scandito e diretto dalla musica che a questo è abbinata come vero e proprio elemento fondante della storia; non credo, infatti, che senza la musica scelta dal regista un prodotto del genere avrebbe potuto acquistare il valore che questo effettivamente acquista. Molto interessante – anche se a conti fatti forse un po` telefonato – vedere come quelli che ieri pensavi erano grandi amici in realtà si rivelano persone che ti stavano usando principalmente per fare i propri interessi, e che sono quindi pronte ad abbandonarti al primo problema di una certa entità. Buoni anche gli spunti che osservano la dipendenza da telefonino di chi fa il lavoro che fa Manuel, con tanto di selfie e video fatti “quando le cose vanno ancora bene per tutti”. In certi momenti le riprese sono effettuate usando la camera a mano e questo, abbinato alla citata musica incalzante, da maggiore forza al tutto. Sicuramente forte la lezione di morale per la politica che ne esce, e interessanti le battute sulla Cina e sui cinesi che, onestamente, hanno anche un loro fondo di verità. Capitolo a parte l`aspetto delle eliminazioni fatte per levare di torno personaggi scomodi: si tratta di una cosa che nel paese andaluso succede non di rado e il film lo mostra bene direi. Eccessiva la presenza di product placement, per il resto la storia comunque funziona anche se va bene solo per stomaci forti e per chi è interessato ad avere una lettura della politica spagnola. Buono.

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Sin ir más lejos en una trama que engancha porque está bien articulada, veo con recelo que sea más fácil la identificación con el personaje principal y que, sin embargo, el supuesto político que trata de limpiar el partido sea precisamente con el que menos se puede empatizar. En definitiva, me parecen muy potentes los planos secuencia donde está claro que se ha sabido sacar recurso a los personajes principales, -de hecho la secuencia de la persecución del coche sin luces me parece que congrega la única buena metáfora que contiene El reino sobre el problema de los excesos del capitalismo-, pero acaba por ser una especie de thriller pulcro y casto donde se ve más el lujo que la cloaca…

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La propuesta tiene como gran protagonista a Manuel López-Vidal, un político que ocupa un cargo importante en un partido y que se ve implicado en un caso de corrupción, y como sucede en la vida real intenta salvar su trasero aunque eso implique perjudicar a otras personas. Pero el director no pone nombres ni siquiera partidos políticos actuales en España, sino que se sirve de ese tema central para hacer una crítica al sistema político de cualquier parte del mundo, y también a la sociedad actual ya que cualquiera que pueda aprovecharse de algo, ya sea por su nueva posición o a nivel económico intenta sacar partido, y este interesante relato que mezcla el drama y el thriller pone de manifiesto el egoísmo y el comportamiento inadecuado de gran parte de la sociedad del siglo XXI…

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A pesar de que la propuesta está direccionada -aunque sin nombrarlo- hacia las maniobras deshonestas del Partido Popular y sigue un lineamiento pegado a lo que ocurre en el Primer Mundo ante los ardides de la corrupción institucionalizada, sobre todo pesquisas en serio y condenas a un puñado de los responsables más visibles, la verdad es que desde el Tercer Mundo y su eterna impunidad también nos podemos identificar con lo sucedido porque el latrocinio en tiempos tan cínicos como el presente está extendido a todo el planeta, ahora con los dispositivos de la publicidad, el marketing y las redes sociales sumándose de manera crucial en el lavaje masivo de conciencias con vistas a manipular/ doblegar desde el maquiavelismo más burdo y baladí a las clases populares, las cuales deambulan entre la abulia desinteresada y los achaques pasajeros de indignación aunque condicionados desde el aparato comunicacional hegemónico, ese que ataca a “perejiles” y calla en lo referido al idéntico accionar del resto de los cofrades de la mafia de turno. Antonio de la Torre está en prácticamente todas las escenas y redondea un desempeño magnético en ocasión de la difícil tarea de encarnar a un personaje que no es más repugnante que el sistema capitalista plutocrático de genuflexión colectiva al que representa y que siempre queda impune en casos como el aquí analizado, donde los que investigan, juzgan y transmiten la información resultante son cómplices explícitos en la andanada de delitos vía las figuras de la prebenda, los montajes, el silencio, las falacias y el saqueo caníbal en el momento más conveniente…

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El Reino nos pone en la piel de Manuel un político local muy influyente que promete llegar a lo mas alto de la política nacional. Todo parece irle perfecto hasta que su status se viene abajo cuando unas filtraciones le implica en varios caso de corrupción junto a varios miembros más del partido. La cúpula central no quiere saber nada de ese caso y decide expulsar a Manuel del partido y apartarle de su reino, es la cabeza de turco. Manuel no se resigna que eso quede así y con solo el apoyo de su familia intentará defenderse y que aquél que esté implicado caiga con el, hará todo lo posible, caiga quien caiga.

El Reino es una maquinaria perfectamente engrasada donde todo encaja a la perfección creando un ritmo a la película que dejará al espectador extasiado al terminar  esta. Sus más de dos horas no aburren en ningún momento y vamos comprobando escena a escena como Sorogoyen narra de una manera endiablada una historia que lamentablemente resulta demasiado conocida y de manera valiente implica a todas las partes, toda la alta sociedad está corrupta. Modélica en su aspecto visual, el director madrileño imprime fuerza a unas imágenes que bien podría haber rodado Scorsese donde solo habría que transformar los gansters de "Goodfellas " a políticos de cualquier capital de España…

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Il nuovo, entusiasmante, film di Sorogoyen è un apologo morale sulle trame di potere e di partito nel mondo politico spagnolo, ma con dinamiche che si possono tranquillamente applicare anche alla nostra politica, ed a quella di molti paesi nel mondo.

The Realm è un film “cazzuto”, tesissimo, montato quasi fosse un unico piano sequenza, con pochissime scene di riflessione, ma pieno di inquadrature ricercate e difficili, bisognose di grande perizia tecnica.

Le scene sono curate con grande cura, l’autore sa il fatto suo e ci regala alcune sequenze che rimangono impresse come tutto il segmento nella casa di Andorra, tesissimo, la fuga in auto finale e il confronto televisivo.

Supportato da una fantastica colonna sonora techno, che ha lo stesso effetto del ticchettio dell’orologio in Dunkirk, il film è un tour de force visivo che lascia impressionati.

Il protagonista, Antonio de la Torre, è superlativo nell’interpretare questo politico caduto in disgrazia che cerca in tutti i modi di trascinare con sè il resto dei colleghi di partito.

The Realm è un film eccezionale. Forse non toccherà le corde emotive ed emozionali, ma è un’opera superba che mostra la capacità del regista di saper tenere lo spettatore per la gola. Da non perdere.

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mercoledì 16 novembre 2022

Mea culpa - Fred Cavayé

un padre e un figlio, una mamma disperata, una minaccia criminale, mors tua vita mea, una grande sorpresa finale.

un'americanata francese che non delude gli amanti del cinema tutto di corsa, attori bravi, bambino compreso.

buona (polar) visione - Ismaele


 

 

Senza discostarsi dallo spirito poliziesco della sua antecedente produzione cinematografica, Cavayé realizza con Mea Culpa un thriller ancora più rapido, crudo e violento dei precedenti. Scene di lotta e inseguimenti rocamboleschi si avvicendano in un caotico e coerente flusso di reazioni a catena fino al “duello finale” che permetterà a tutti i differenti piani della narrazione di confluire e intersecarsi, ridisegnando così una nuova trama, riveduta e corretta per entrambi i protagonisti. Realizzato con esperienza e intelligenza, Mea Culpa è un prodotto cinematografico di intrattenimento assolutamente ben confezionato (che nulla ha da invidiare alle produzioni action di Hollywood). Privilegiando lo stile al contenuto e giocando egregiamente tra generi, Cavayé fa confluire a tratti il noir nel melodramma e il poliziesco nel thriller, confermandosi, con Olivier Marchal, tra i registi più di talento dell’odierno cinema d’azione francese.

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Convincono i due attoroni francesi protagonisti: Vincent Lindon e Gilles Lellouche. Il primo in particolare stupisce per l’abilità con cui mette in scena la durezza e il tormento di un personaggio dal passato tormentato, proprio come i migliori anti-eroi da film noir. Il secondo lo spalleggia con mestiere, senza mai rubargli la scena.

Mea culpa è quindi uno di quei film che, pur indossando più maschere e costumi di genere, sceglie di privilegiare lo stile al contenuto, cosciente di come l’ingerenza del primo possa compensare il secondo. In fin dei conti, il cinema è anche questo: mixage, equilibrio, capacità di tenere in pari l’ago della bilancia.

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Se c'è un genere in cui i film francesi non mi deludono mai, sono i "polar", un po' la loro versione, più raffinata, dei nostri "poliziotteschi" degli anni settanta. I registi francesi che vi si cimentano, non sbagliano praticamente mai un colpo. Cavayé, poi, sceglie i volti perfetti del grande Vincent Lindon e del bravo Gilles Lellouche, scavati il giusto, facce da pugni e disperazione in ogni ruga, e aggiunge una presenza femminile importante, nella bellissima attrice libanese Nadine Labaki, già protagonista di "Caramel". Insomma, per fare dei buoni polar ci vogliono buone facce, un po' come per fare i buoni western, di cui, in fondo, sono una versione moderna e virata di notte e pioggia. "Mea Culpa" è un film portentoso, di una forza spaventosa, con una storia di tradimenti, redenzioni e amicizie virili, tutto piuttosto tipico, che non concede un attimo di tregua, e ha, nel suo svolgersi, almeno due sequenze memorabili, specialmente quella finale, sul treno. C'è azione, certo, ma mai superficiale o tanto al chilo, proprio per la bravura dei protagonisti, e dello sceneggiatore, nel dare parecchio spessore ai loro personaggi. C'è, come sempre, una sottile patina di malinconia e di sconfitta che aleggia per tutta la durata del film, che davvero fila spedito e sicuro fino allo splendido finale. Il regista, nella sua bravura, è capace di "scomparire" nelle scene più importanti, e questo è un punto importante a suo favore, rispetto all'egocentrismo di altri colleghi molto più quotati. Niente, nessun punto debole: purissimo Cinema. Da recuperare assolutamente.

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5 raisons pour lesquels le troisième film de Fred Cavayé est un authentique film de merde.

1. Fred Cavayé semble déterminé à transposer tous les stéréotypes et les vices du nanar hollywoodien dans un paysage de téléfilm français, y compris la promotion de l’auto-justice et de la loi du talion.

2. Dans la même idée, le film est baigné d’une misogynie crasse. C’est simple, il n’y a que deux personnages féminins : le premier est une ex-femme ingrate, le deuxième une pute.

3. Mea Culpa « bénéficie » en outre de l’interprétation monolithique et crispée de Vincent Lindon (acteur généralement des plus intéressants et fins) qui sait probablement qu’il est dans un navet mais s’en fout, voire s’en amuse.

4. Incroyable mais vrai : ce cinéma binaire, principalement constitué de gentils et de méchants qui se poursuivent et se tapent dessus passe pour un chantre d’obsessions d’auteur auprès de certains crétins de la critique.

5. En bonus, un ultime effet de manche scénaristique, livré dans un flashback à la truelle, qui se veut touchant et inattendu mais qui n’est que pathétiquement grotesque.

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martedì 15 novembre 2022

Addio, signor Haffmann - Fred Cavayé

un gioielliere ebreo, in Francia, coi nazisti, deve fuggire.

la famiglia parte, lui deve restare, nascosto nella cantina del suo negozio, ceduto a un dipendente, con la promessa di riaverlo dopo la guerra.

ma l'avidità, come sempre, è in agguato.

ottimo regista e ottimi, come sempre, Daniel Auteuil e Sara Giraudeau.

buona (seminterrata) visione - Ismaele


 

 

…La sceneggiatura che il regista ha scritto con Sarah Kaminsky restituisce impeccabilmente e minuziosamente la trasformazione di un uomo senza talento e con una gran voglia di riscatto (è poliomielitico) che, ubriaco per l'incredibile opportunità ricevuta, scende nei più sordidi bassifondi morali, stringe un'amicizia putrida con l'ufficiale della Gestapo che gli ha procurato numerosi clienti tra i nazisti occupanti (interpretato da Nikolai Kinski, il figlio di Klaus), il tutto sotto lo sguardo attonito di una moglie in equilibrio precario tra l'amore per il consorte e il senso di giustizia nei confronti di quell'uomo semirecluso che ha fatto la loro fortuna. Nota a parte per la prova miracolosa dei due protagonisti, che conferma Daniel Auteuil come uno dei migliori attori al mondo.

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A Parigi, durante l'occupazione nazista, per evitare il sequestro del negozio, un gioielliere ebreo lo vende fittiziamente a un suo lavorante con il patto che questi lo restituirà alla fine della guerra... Spunto non nuovo ma sviluppo originale per questo dramma che si svolge quasi interamente in interni contrapponendo l'umanità umiliata ma sempre salda del primo con l'incarognimento progressivo del secondo causato dall'avidità e dalla voglia di rivalsa sociale. In un film che conserva l'impostazione teatrale di origine, gli attori sono fondamentali e qui offrono prove eccellenti.

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scrive Mauro Gervasini:

Parigi, 1942, tedeschi dappertutto. Mercier è un umile artigiano orafo innamorato della moglie Blanche, senza ambizioni che non siano quelle strettamente familiari. Ma il suo principale, il gioielliere ebreo Haffmann, gli propone un patto che potrebbe evitare a lui la deportazione e assicurare all’altro un futuro radioso. Da un testo teatrale pluripremiato di Jean-Pierre Daguerre, Fred Cavayé, autore di una memorabile trilogia polar (Pour ellePoint BlankMea culpa, gli ultimi due su Prime Video), modifica sguardo e personalità di Mercier (Gilles Lellouche) diminuendone l’ambiguità e aumentando l’involuzione morale, come a ritornare al noir intimo dell’esordio. Un uomo ordinario che la condizione straordinaria cambia nel profondo, e non in meglio. Il lato oscuro di L’ultimo metrò, il capolavoro (per chi scrive) di Truffaut la cui eco, qui, è fortissima; non c’è il teatro ma ci sono i sotterranei e i bassifondi della civiltà. Blanche (Sara Giraudeau) è il deus ex machina, Haffmann (Daniel Auteuil) la vittima designata ma non scontata, e l’ufficiale della Gestapo Jünger (Nikolai Kinski, figlio di Klaus) il quarto incomodo. Prova d’attori superba, in particolare quella di Giraudeau, anche lei figlia d’arte (il babbo è il mitico Bernard Giraudeau), scissa tra l’amore dubitante per Mercier e la preoccupazione per Haffmann. Montmartre al servizio degli scenografi trasformata in piena pandemia (il confinamento ha conferito un tono ancora più spettrale agli esterni) e riprese con lenti anamorfiche in CinemaScope, ad aumentare la qualità di immagini nate per il grande schermo. Cavayé è uno bravo, qui lo dimostra alla grande.

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domenica 13 novembre 2022

Nel nostro cielo un rombo di tuono - Riccardo Milani

premetto che non potrò essere oggettivo, per questo film, che è l'agiografia meritata di un santo laico, per i sardi.

il film documentario dura tre ore, ma nessun minuto è inutile.

certo non è un film perfetto, per esempio Moratti è di troppo, ma tutto il resto è bello e necessario.

chissà se girerà nelle sale della penisola, in Sardegna c'erano e ci sono le file davanti ai cinema.

se vi capitasse vicino non perdetevelo, non ve ne pentirete.

buona (Giggirriva) visione - Ismaele


ps: speriamo solo che tutti saranno d'accordo per intitolare l'aeroporto di Cagliari-Elmas (adesso intitolato a un fascista) a Gigi Riva, come hanno fatto a Belfast, dove l'aeroporto è intitolato a George Best.

 


 

I documentari sempre più spesso hanno durate che sono già preordinate ai tempi di un passaggio televisivo. Quando le superano è da prevedere che verranno divisi in due parti. Non è dato sapere cosa accadrà a questo lavoro di Riccardo Milani. Quello che è certo fin da ora è che la durata, decisamente superiore alle due ore, non pesa sullo spettatore neanche per un secondo.

Potrà sembrare strano perché è notorio che Gigi Riva è, ed è sempre stato, un uomo riservato e di poche parole. Riccardo Milani però è riuscito a fargli raccontare quanto basta (vicende sentimentali escluse) e si è dotato di una messe imponente di testimonianze e materiale documentario.

Si percepisce sin da subito, grazie anche a raffinati e misurati inserti da docufiction, quanto Milani abbia amato e voluto questo progetto. Non sempre però la passione coltivata per un'idea produttiva si traduce in una comunicazione che possa parlare a tutti coinvolgendoli. Qui ci riesce in pieno.

A partire dal titolo che si rifà ad un'iperbole del mai dimenticato Gianni Brera riferita a Riva. Iperbole appunto perché se c'è stato un campione schivo che non faceva rumore con atteggiamenti roboanti è stato proprio Luigi detto Gigi Riva. Ma tuono era quello della potenza del tiro che dirigeva il pallone verso la porta avversaria. A partire da un'infanzia difficile con la perdita del padre, la vita in un collegio di suore molto rigide e la successiva scomparsa, a sedici anni, della madre, vengono seguite tutte le tappe, trionfali ma anche dolorose con incidenti fisici gravi, della carriera di un ragazzo 'punito' con la cessione a una squadra sarda…

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Dal 1963 non è più andato via, ridendo poco, dormendo poco, fumando molto. Si è ritirato nel suo appartamento, ormai, ma il suo mito attraversa ogni giorno l’isola, fino a raggiungere la spiaggia del Poetto, ad ammirare l’orizzonte in impermeabile e attendere il prossimo squarcio nel cielo. Bel docufilm di Riccardo Milani che non soltanto riesce a coinvolgere ed emozionare nella ricostruzione della storia di Gigi Riva, attraverso scene recitate, immagini di repertorio, testimonianze di colleghi calciatori, di amici, conoscenti, ma ha anche la capacità di portare dinanzi alla telecamera un uomo lontano anni luce dalla ricerca della notorietà mediatica fuori da un rettangolo verde, mostrandolo con pochi gesti, parole essenziali e soprattutto nella sofferenza e nella gioia di una vita vissuta inesorabilmente a braccia aperte. Quelle braccia aperte, in esultanza dopo ogni goal, ci accolgono per incontrare l’uomo e il campione assoluti, fuori dal tempo ormai, come l’ultimo dei Mohicani, Rombo di Tuono.

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La mitopoiesi di Giggirriva - Fiorenzo Caterini

Un tipico caso di mitopoiesi è quello relativo alla invenzione di un eroe eponimo sardo, verosimilmente risalente agli anni ’60 e ’70 del XX secolo, che prende il nome di Gigi Riva o di Giggirriva.

La costruzione del mito, che ricorda quello di Ercole/Eracle/Melqart in Sardegna, ripercorre un percorso tipico della mitopoiesi con importazione dall’esterno dell’elemento fondante.
Il mito vorrebbe, infatti, che questa figura di sportivo, nello specifico di calciatore, abbia contribuito alla vittoria di un titolo italiano di calcio, il cosiddetto “scudetto”, da parte di una squadra sarda, il Cagliari Calcio.
Tale vittoria, in realtà, sembra anch’essa frutto della stessa mitopoiesi e non è stata mai storicamente provata, un po’ come l’epopea della Brigata Sassari.
Si ripropone, ancora una volta, pertanto, il grande imbroglio, la grande falsificazione delle Carte d’Arborea dell’800, che dimostrano come la mitopoiesi nell’isola sia una costante storica difficile da debellare.
Questo eroe eponimo, a quanto pare, si distinse secondo la leggenda nel giuoco del calcio segnando molte reti, alcune delle quali molto spettacolari, con grandi acrobazie.
In realtà gli studi hanno messo in evidenza come i documenti riportino la presenza di un tale Luigi Riva, che ha giocato nella nazionale italiana, la seconda al mondo per titoli vinti ai mondiali di calcio, con il record di reti segnate, ben 36.
E’ chiara la trasposizione, l’assorbimento di un mito italiano nella mitologia sarda, con la rifunzionalizzazione e con una tipica sardizzazione e trasformazione da “Luigi” a “Gigi” o “Giggi”.
Tanto è vero che, a quanto pare, secondo i documenti anagrafici reperiti dagli studiosi, questo “Luigi Riva” è nato in un paesino del nord Italia.
Questa mitopoiesi, come del resto i Falsi d’Arborea, pone con forza il problema dei miti velenosi che intossicano la storia della Sardegna, rendendola schiava di invenzioni folcloristiche, prive di qualunque scientificità, che poi finiscono per allontanare l’attenzione della gente dai veri problemi attuali.
L’invenzione di “Giggirriva”, ricorda anche quella, meno conosciuta, ma comunque interessante, di un tale Zola, un altro calciatore di oscure origini ma che ormai i documenti hanno chiarito, dato il soprannome di “magic box”, chiaramente proveniente dal nord Europa e verosimilmente dall’Inghilterra. Gli annali infatti ricordano di un forte calciatore con quel nome che ha giocato nel campionato inglese, ed è molto probabile che poi l’assonanza con un tipico cognome sardo abbia prodotto l’assorbimento di questo ulteriore eroe eponimo. L’assorbimento di miti provenienti dall’Inghilterra sembra essere una costante. Ci sono infatti tracce di grandi fantini inglesi che poi sono stati sardizzati attribuendogli dei cognomi sardi, Dettori, Atzeni, eccetera, e dimostrano una chiara influenza della civiltà inglese nell’isola.
La mitopoiesi in Sardegna, dunque, è diventata una piaga che allontana la verità scientifica, con creazioni di vere e proprie invenzioni, si pensi ai Falsi d’Arborea.
Come ampiamente noto, un caso eclatante è quello delle statue di Monte Prama, le prime a tutto tondo del Mediterraneo dopo quelle egizie, che dimostrano la grande manualistica e lo spessore artistico dei fenici nel Mediterraneo occidentale.
Anche in questo caso si tratta di un processo di appropriazione di una cultura esogena, quella fenicia, alla quale la civiltà nuragica, anche se precedente, deve comunque il suo sviluppo.
Ciò dimostra le volontà, chiaramente mistificatoria, dei sardi attuali, di appropriarsi di una storia nobile per poter, in qualche modo, riscattare una condizione attuale di sottosviluppo economico e sociale, dovuto, principalmente, all’incapacità dei sardi di imitare i modelli di sviluppo vincenti.
Ma la storia dei calciatori ricorda un’altra grave mistificazione, oltre quella dei Falsi d’Arborea: quella dei shardana, popolo che indebitamente è stato accostato alla civiltà nuragica.
Anche per i shardana, è bastato un toponimo che vagamente ricorda la Sardegna, per accostarlo alla civiltà nuragica.
In realtà toponimi con quella redice, nel Mediterraneo, ce ne sono altri, specialmente in oriente.
E’ vero che il periodo della citazione, da parte degli antichi egizi, dei Shardana, coincide con il massimo splendore della civiltà nuragica, è vero che è stata rinvenuta in Sardegna, con la Stele di Nora, una citazione con quel toponimo, è vero che i bassorilievi egizi riportano figure sorprendentemente simili ai bronzetti nuragici, è vero che shardana e nuragici navigavano, erano guerrieri, e avevano tante altre similitudini, è vero che… insomma, erano tutte coincidenza e non è provato che shardana e nuragici fossero gli stessi, ci vuole ben altro per le scienze esatte.
E’ pura fantarcheologia, è archeosardismo.
Verosimilmente è quello che è accaduto col Cagliari Calcio. Infatti gli annali riportano lo scudetto di una squadra con quel nome, ma non è provato che provenga dalla città di Cagliari, perché il toponimo “Kar”, è diffuso in molte parti del Mediterraneo, in particolare in oriente.
Sarebbe ora di debellare questi miti, questa mitologia sciocca e inutile che avvelena il dibattito politico dei nostri tempi, miti tossici e velenosi che non servono a nulla.
Si pensi ai Falsi d’Arborea.

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“Io, emigrato a Torino, e quello scudetto che non dimenticherò mai

 

di Francesco Utzeri (dal sito di Vito Biolchini)

 

Quella del 12 aprile è una data magica per noi tifosi del Cagliari: perché uno scudetto è per sempre e la gioia per quel successo, come per miracolo, non svanisce con il passare del tempo. Molti anni fa a Gigi Riva e a quell’impresa sportiva ho dedicato uno spettacolo (“Rombo di Tuono: scudetto e petrolio 25 anni fa”) e un documentario (“W Riva). Poi sono seguiti tanti bei libri, tutti molto interessanti (tra i più recenti, ho apprezzato molto “Eravamo giovani nel 1967” di Antonello Deidda).
Un lettore del blog, Francesco Utzeri, mi ha inviato questo suo ricordo personale, carico di vita e di emozioni. “Sentivamo, in quelle vittorie del Cagliari, una sorta di rivalsa verso il destino che ci aveva portato lontani da casa in cerca di lavoro”, scrive. Parole che spesso ricorrono quando si parla di quello scudetto. Che noi festeggiamo ancora, anche per onorare i tanti giovani di allora che lasciarono l’isola in cerca di fortuna. Grazie a Francesco Utzeri per i suoi ricordi che ha voluto condividere con noi.

***

Egregio Biolchini,
qualche giorno fa, il 12 arile, ricorreva l’anniversario della conquista dello storico scudetto del mitico Cagliari di Gigi Riva e in questa occasione mi permetto di scriverle per inviarle il mio ricordo di giovane emigrato, in quei (oramai) anni lontani.

Era giugno 1969. Finiti gli esami il 22, mentre tutti gli amici andavano già da un pezzo al mare, chi a Giorgino (o meglio la Scafa, visto che era raggiungibile a piedi), chi al Poetto (per chi poteva permettersi il lusso del biglietto del tram), io già sapevo di dover partire perché mio fratello Paolo, che già stava li da tempo, mi aveva procurato una prova di lavoro in quel di Torino.

La nave Canguro Rosso salpò da Cagliari alle 17 e, dopo una lunghissima ed estenuante navigazione di diciannove ore raggiunse Genova a mezzogiorno del giorno dopo. Non era la prima volta che viaggiavo, ma in ogni caso la prima volta da solo. Il viaggio sulla nave, pur se lunghissimo, fu piacevole perché nell’occasione ebbi modo di conoscere alcuni ragazzi (e ragazze) che si recavano in continente per la mia stessa ragione.

Fu subito simpatia e cameratismo, anche perché loro provenendo dall’interno dell’isola, se non ricordo male Irgoli, e non essendo mai stati neppure a Cagliari, volevano sapere tantissime cose sulla città. Alcuni di loro avrebbero continuato il viaggio verso la Germania e quindi non li ho mai più incontrati; altri, che erano diretti a Torino o comunque nel nord Italia, li ho rincontrati, talvolta, nei viaggi successivi.

L’avvicinamento alla meta finale del viaggio non terminò allo sbarco dalla nave, ma proseguì con un faticoso trasferimento a piedi verso la stazione ferroviaria di Porta Principe, poi un treno sgangherato fino ad Alessandria e poi, finalmente, Porta Nuova, la stazione ferroviaria di Torino.

Mio fratello Paolo mi attendeva alla stazione e subito mi accompagnò alla pensione, nei pressi di via Madama Cristina. Chiamare “pensione” quel posto era un complimento: alcune camere con quattro letti ciascuna, che davano tutte sul ballatoio al quarto piano senza ascensore, all’interno di un palazzo fatiscente, con un unico gabinetto per dodici persone. Il resto dei servizi era al piano terra, nel cortile interno.

L’impatto con la nuova città non fu esaltante, ed il malessere verso Torino l’ho portato dentro fino agli anni recenti, quando sono tornato in quella città, scoprendola anche bella.

La prova andò bene e quindi, il giorno 1° luglio 1969, entrai ufficialmente a far parte del mondo del lavoro.

Pian piano mi inserii in quella nuova realtà e, grazie alle possibilità economiche date dal salario mio e di mio fratello, cambiammo finalmente casa. Basta con la pensione fatiscente, basta con la fila per il gabinetto e con tutti gli altri disagi.

Mio fratello, che frequentava da tempo una associazione di lavoratori sardi, mi invito a partecipare alle iniziative del circolo, ma io preferii allargare le conoscenze, frequentando altri ragazzi della città e del resto d’Italia. Torino, in quegli anni, era popolata di giovani provenienti da tutte le parti ed era quindi facile fare nuove amicizie.

Per tutti loro io ero “il sardegnolo”, e non trovavo nulla di malizioso in questa definizione anzi, talvolta mi pareva anche simpatico sentirlo pronunciare dalle ragazze del gruppo.

Arrivò l’autunno e con il freddo pungente iniziò il campionato di calcio. Mio fratello, che come tutti gli immigrati faceva il tifo per la Juve, cercò di convincermi ad andare allo stadio ma a me del calcio non interessava nulla. Preferivo i dancing e le balere, dove si potevano fare nuove conoscenze e piacevoli amicizie.

Poi venne il giorno che a Torino arrivò il Cagliari di Gigi Riva.

I miei nuovi amici, soprattutto le ragazze, cominciarono a chiedermi notizie della squadra, dei calciatori, della città. Insomma, il fatto che il Cagliari fosse protagonista del campionato, mi aveva portato al centro dell’attenzione: quindi quella domenica, tutti allo stadio Comunale.

Era la prima volta che vedevo una partita di calcio di Serie A e fui affascinato e meravigliato. Affascinato da tutta quella gente che faceva il tifo per la Juve e meravigliato perché, pur essendoci i posti a sedere, tutti guardavano la partita in piedi. La partita terminò con un pareggio rocambolesco e questo contribuì a sollevare la mia popolarità fra i ragazzi del gruppo, ma anche la stima dei colleghi di lavoro.

L’inverno di Torino fu lunghissimo ma la nuova passione nata per il calcio contribuì a rendere meno difficile la permanenza in quella fredda città. La lontananza da casa e dalla famiglia, nonostante l’indipendenza economica e le opportunità di divertimento offerta dalla città, si facevano sentire. Attendevamo la domenica per seguire le notizie relative al Cagliari ed anche mio fratello, pur se juventino, ascoltava e gioiva delle vittorie dei rossoblù.

Sentivamo, in quelle vittorie, una sorta di rivalsa verso il destino che ci aveva portato lontani da casa in cerca di lavoro.

E poi giunse l’aprile 1970. Ogni domenica sera, dopo le partite del campionato, avevamo un appuntamento telefonico con la famiglia, a casa di amici poiché noi non lo avevamo, ma quella domenica del 12 aprile non riuscimmo a telefonare.

Il risultato della partita tra il Cagliari e il Bari fu determinante per la conquista dello scudetto. Il Cagliari era Campione d’Italia. Tutti si complimentavano, quasi che lo avessimo vinto noi quel campionato. In fondo era vero: quello scudetto era nostro, nessuno ce lo avrebbe mai più potuto togliere.

La bellissima memoria di quella memorabile giornata, vissuta lontano dalla Sardegna, è una gioia che ancora oggi mi commuove e ogni qualvolta incontro quel distinto signore, taciturno e serio, che passeggia solitario per le vie del centro di Cagliari, non posso che ringraziarlo per questa grande gioia e commozione che ci ha regalato.

Oggi come allora.

da qui

 

l'opinione di Gigi Riva

Gigi Riva è sardo per scelta, per indole, per natura insulare e per storia. Non è importante che sia nato nel Varesotto. É sardo e basta: è arrivato nell’isola nell’aprile del ’62 vivendo la cosa come una punizione e non se n’è più andato. “Ho capito che sarei rimasto – ha detto una volta – quando andavamo in trasferta a Milano e ci chiamavano pecorai. O banditi”.

Gigi Riva è sardo perché è il santo laico dell’isola, l’immaginetta che la gente appende accanto alla Madonna, perché il suo Cagliari, alla Sardegna, ha regalato nome e orgoglio quando ancora non l’aveva. È sardo e parla da sardo di questa estate in cui i nodi del falso sviluppo stanno venendo al pettine: dalle fabbriche alle miniere fino alla campagna. Quando lo chiamiamo, dice subito: “Non voglio fare interviste”. Poi capisce quale sarà l’argomento e parte da solo perché anche con 67 primavere addosso è ancora “Rombo di Tuono”, il soprannome che gli diede il simpatetico Gianni Brera: “Sono in Sardegna da cinquant’anni e una situazione di questo genere non l’ho mai vissuta. Basta farsi un giro per strada a Cagliari per capire: vedi i negozi che non lavorano e nelle vetrine solo i cartelli affittasi. Qui vivono anche i miei due figli e tre nipoti e le dico che la situazione non ha vie d’uscita”.

Non le sembra di essere troppo pessimista?
Questa situazione non ha una via d’uscita: troppe famiglie sono senza lavoro, senza mangiare. Oggi se ne accorgono anche in regione e dicono di voler intervenire, ma la verità è che non hanno i mezzi. È una marea che monta: le fabbriche e i negozi che chiudono, è troppo tardi…

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