sabato 16 febbraio 2019

Quién mató a Bambi? – Santi Amodeo

Santi Amodeo è amico e "complice" in qualche film con il più famoso Alberto Rodriguez.
in questo film il ritmo è davvero sostenuto, si corre senza freni, in una storia un po' folle, e unica.
una commedia degli equivoci, e dell'avidità umana, divertente quanto basta.
e alla fine, per premio, scoprirete chi è Bambi 
buona visione - Ismaele




Cuando una comedia tiene partes sublimes, como le ocurre a ¿Quién mató a Bambi?, especialmente en el entramado narrativo (bien por Amodeo) y en sus intérpretes (Alterio, sensacional), uno se queda más decepcionado con sus puntos flacos: ese inicio renqueante y más bien bobo, y algún intermedio tan chirriante como innecesario: ¿qué hace ahí Iniesta? La risa, su estallido, llega tarde. Pero llega. Y luego ya no cesa, y así te instalas en un juego transgresor y gamberro.

El peso de la película estará sostenido por las aventuras y desventuras de las dos parejas de amigos/ socios que, con o sin quererlo, tienen a un rehén en su coche. ¿Lograrán llevar al jefazo sano, salvo y vestido a la fiesta? ¿Conseguirán el ansiado rescate que les libre de sus deudas? Las adversidades para nuestros protagonistas sólo acaban de comenzar… desde ese mismo momento la trama de ¿Quién mató a Bambi? se desarrollará en una escala ascendente y surrealista de catastróficas desgracias que, sin lugar a dudas, provocarán la carcajada en el espectador…

De todas formas es cierto que es una película que no promete otra cosa. ¿Quién Mató a Bambi? es exactamente lo que podría esperarse de ella tras ver el tráiler, momentos locos y actores que saben sacarles buen partido a los mismos. Actores que te levantan cualquier gag por flojo que pueda resultar. Tampoco hay que desmerecer que dentro de lo arbitrario que pueda ser todo, la película tiene un ritmo y tono perfectamente medidos. Falla, por tanto, un guión al que, partiendo de la misma idea, se le podría haber sacado más jugo.
Suficiente para pasar un rato divertido, que no es poco.

ricordo di Bruno Ganz

giovedì 14 febbraio 2019

El mundo sigue - Fernando Fernan Gomez


un film trascurato per molti anni, al fascismo non piacciono i film che non sono trionfalistici e patriottici, e che raccontano cose poco liete, segno che non tutto va bene.
Fernando Fernan Gomez si ritaglia una parte di cattivo marito, cattivo padre, e dipendente dal gioco.
ci sono tanti colpi di scena, in un mondo che sembra quello dell'ottocento, ma è appena degli anni sessanta del novecento.
un film da non perdere, un piccolo capolavoro da vedere e rivedere, meglio in spagnolo - Ismaele




El
mundo sigue, joya incontestable del cine español, es conocida por ser la “película maldita” del reconocido director de culto Fernando Fernán Gómez. Maltratada y olvidada en su limitadísimo estreno, ha tenido que pasar medio siglo para poder verse ensalzada al lugar que merece dentro de nuestra cinematografía. Una película que destaca ante todo por la valentía de poner sobre la mesa una realidad imperante en la época y que, pese a lo que se pudiera pensar, ha llegado maquillada hasta nuestros días.
Es lógico que suscitara el recelo de los órganos censores del Franquismo, no solo por poner sobre la mesa temas tan peliagudos como la violencia de género, el aborto, la ludopatía o el abandono conyugal, sino por su fiel retrato de la miseria, una pobreza económica y social que hace proliferar los más profundos y arcaicos de los sentimientos: la envidia, el odio y el rencor. En una época donde el cine de charanga y pandereta, que ensalzaba las glorias nacionales y dejaba a un lado cualquier atisbo de crítica a la difícil situación imperante, llegó ‘El mundo sigue’, intenso melodrama de corte costumbrista inspirado en una novela de Juan Antonio Zunzunegui que retrata la historia de rivalidad entre dos hermanas que buscan el ascenso económico y social…

Fernán Gómez consigue mezclar un cine amargo con el surrealismo de Berlanga para enseñarnos las miserias de las personas, nos hace sentir incomodos a la vez que comprobamos como se nos encoge el corazón.
Todas y cada una de las actuaciones son inolvidables, no hay un solo papel que esté por debajo del resto, todos mantienen el tipo, nos emocionamos y odiamos con los personajes.
Si hay que poner alguna pega a la película pondría la duración, unos 10 o 15 minutos de menos hubiera sido perfecto para una película prácticamente redonda.
Sin duda El Mundo Sigue es una de las mejores películas españolas de todos los tiempos, quien no se  emocione viendo está película es que no es de este planeta. Esperemos que este reestreno ponga al film donde se merece.

Digámoslo claro: El mundo sigue es la más feroz y menos domesticable expresión de una España tenebrosa, violenta, ruin, machista, ignorante y empobrecida; en definitiva, la España que el Nuevo Cine Español de los años sesenta nunca llegó a retratar con tan descarnados perfiles, la España que el desarrollismo franquista pretendía ocultar bajo la engañosa alfombra del turismo. No es una película de humor negro, pero sí es la radiografía más negra que existe de aquella España. Y tampoco es un esperpento valleinclanesco, pero la exacerbación deformante de su naturalismo genera el más atroz y sombrío de los esperpentos que cabe imaginar.
Su recuperación nos recuerda de dónde venimos y vuelve a echar vinagre en algunas de las lacras más hirientes que todavía sangran entre nosotros (la violencia de género, la explotación de los humildes, la humillación clasista). Nos recuerda que el mundo sigue, que nada se para, que nos queda mucho camino por recorrer y que aún tenemos muchas asignaturas pendientes.

es una regresión vista casi desde una mirada actual de la realidad de un tiempo marcada por las miserias de la necesidad unidas al desgaste moral y a la búsqueda incesante de una salida. La envidia, la obcecación, el machismo o la impotencia serán algunas de las pasiones humanas más malsanas con las que tendrán que convivir unos personajes atormentados por un tiempo convulso y que Fernán Gómez sabrá materializar mediante un uso magistral de las claves del melodrama unido a un guión cargado de humor en un contexto neorrealista que catapultan a “El mundo sigue” al Olimpo del cine clásico español. Inadmisible dejar pasar la ocasión de disfrutar de esta obra hasta ahora casi perdida.

martedì 12 febbraio 2019

Il Corriere - The Mule - Clint Eastwood

a proposito di giovani, dopo Harry Dean Stanton e Robert Redford torna il vecchio Clint, in una storia di droga e di buoni sentimenti.
Earl deve anche fare i conti con la sua vita e i suoi familiari e questo rende il film adatto a ogni spettatore, tutti capiscono.
e siccome vedere il film è meglio che farselo raccontare, il cinema vi aspetta.
buon viaggio, su quella macchina nera - Ismaele





Clint Eastwood non delude mai, è impossibile. A quasi novant'anni, torna sullo schermo come regista e come attore e dà vita a un gioiellino drammatico che, seppur non al livello dei suoi capolavori, è assolutamente apprezzabile. C'è una certa tendenza ad assecondare i miti più abusati della cinematografia americana (su tutti, l'amore per famiglia da mettere al primo posto) ma Clint ha una narrazione così poetica e delicata da farci scordare ogni possibile difetto. La sua regia è carezzevole, la sua interpretazione è straordinariamente umana e credibile e genera un'empatia solidissima con lo spettatore, gli attori secondari funzionano benissimo e non manca qualche sequenza ricca di pathos e di tensione.
Per quanto il contesto in cui il film è ambientato sia negativo, Clint sembra volerci mostrare che anche gli uomini 'peggiori' possono avere un'anima e sono spesso vittime di circostanze più grandi di loro. E come il magnifico finale ci mostra, anche in un carcere possono sbocciare dei fiori.
E' un'altra piccola grande opera del maestro Clint Eastwood.

Ieratico e catartico come non mai, Eastwood regala con "The mule" una parabola struggente, un analisi della società liquida dell'oggi, tra smartphone e iperconnessioni il vecchio Earl rincorre il tempo perduto, tra rancori famigliari mai sopiti , inseguendo la (ri)lettura di temi a lui cari.Patria, famiglia e morte, letteratura da cinema classico qui inserita in un contesto puramente americano. Come in "Gran Torino" è la catarsi dell'uomo che conta, non importa se egli è sceso a compromessi con la propria morale, lui è lì per compiere il suo dovere sino in fondo. L' umanità è tutta nei compromessi e nelle contraddizioni di Earl Stone,  e nel suo amore per la vita."The Mule" è un opera classica e morale di altissimo livello, una lezione di vita che un grande autore ci legge ad alta voce. Eastwood a differenza di "Gran Torino" dipinge un personaggio che mantiene  dei tratti conservatori, mantenendo comunque un personaggio umano, godereccio e amante delle belle donne che  suscita tanta simpatia…

…Insomma, pregiudizi che dettano il nostro agire, decadenza di una società, i capricci dell'io, la nostra dimensione umana. Argomenti leggerini a cui il regista aggiunge infine il carico da novanta: la famiglia e lo Stato. Il messaggio è semplice, ma qui vive della drammatizzazione toccante più che della raffinatezza dei concetti: The Mule non è un film che lavora di fino, al contrario, affastella argomentazioni per sostenere tesi semplici, ma che pur capendo molti faticano a mettere in pratica.
E allora c'è la famiglia, trascurata per il lavoro, per le donne, per il successo, per ogni capriccio possibile e immaginabile. Serve la morte per portare a maturazione un padre inadeguato come Earl. Non dico altro. E alla fine arriva pure lo Stato, tanto aspramente criticato da Eastwood. Non è fatto di leggi, non è fatto di giudici e avvocati: è fatto di uomini, più o meno meschini, più o meno forti, coi coglioni di ferro o le palle mosce, più o meno onesti, responsabili e obiettivi di fronte ai propri errori. Il cittadino perfetto condanna se stesso per ciò che ha fatto. Non è un mostro perché ha commesso dei crimini, anzi, è sollevato quasi perché abbraccia serenamente la necessità di essere punito.
Nel suo percorso di redenzione Earl-Clint traccia la strada verso un “mondo perfetto”, il suo mondo perfetto. A volte è bacchettone, sbaglia tantissimo, quasi tutto, ma a novantanni arriva a capire. Ha voluto dircelo, rivelarcelo con un film, per darci una mano a vivere.

La vera meraviglia in Il corriere – The Mule non proviene dalla riuscita o meno del film né dal suo presunto (ci auguriamo) status di opera-testamento, bensì dall’esistenza, fuori e dentro la scena, di una creatura testimoniale, incarnazione di un frammento di storia del suo paese, del cinema, americano e italiano, e in ultima istanza dalla sua disponibilità a mostrarci gli effetti del trascorrere degli anni sul suo volto e sul suo corpo. Non lo abbiamo coltivato noi, come i fiori di Earl, ma certo desideriamo, egoisticamente e proprio come i narcotrafficanti del film, che non si fermi, continui a viaggiare, che viva, ci intrattenga ancora, riecheggi epoche che non abbiamo vissuto, costi quel che costi.


domenica 10 febbraio 2019

Non torno a casa stasera (The Rain People) - Francis Ford Coppola

Nathalie e "Killer" sono persone senza troppa importanza, Nathalie non riesce più a convivere col marito, è anche incinta, sa cosa non vuole, ma ancora non sa cosa vuolo, Killer era una giovane promessa del football americano, adesso è solo un ritardato nel mondo impietoso degli adulti, è come un bambino, preso in giro e sfruttato da tutti, tranne che da Nathalie. 
i due si affezionano, senza un motivo particolare, se non che l'uno/a sente di dover proteggere l'altro/a.
Roger Ebert vede nel film una storia come quella di Easy rider, a partire da Huckleberry Finn.
un piccolo capolavoro, imperfetto, secondo alcuni, con grandi attori nelle mani di un grandissimo Francis Ford Coppola.
non perdetevelo - Ismaele





The Rain People (questo il titolo originale) è un viaggio prima interiore che reale anche se l'incontro con un ex giocatore di football universitario ora mezzo ritardato condizionerà parecchio le sue scelte. Pur sapendo che è meglio abbandonarlo non riesce a staccarsene. Empatia,affetto materno, sindrome del buon samaritano. Il perchè della loro vicinanza affettiva non è svelato neanche nell'ultimo disperato pianto di Natalie. Coppola più che ai luoghi,più che fotografare l'America che si srotola pigramente nei finestrini della macchina sembra interessato a Natalie e al suo processo di emancipazione,al suo tormento. Se vogliamo  è un punto di vista radicalmente opposto a quello assunto da Spielberg in Sugarland Express in cui i finestrini dell'auto erano occhi aperti sul mondo...

Nathalie e "Killer" sono due inadatti (Killer porta la sua disabilità in giro come una specie di pietra di paragone di coloro che gli si accostano).
Sono inadatti alla vita in generale e alla vita che la società o il caso hanno preparato per loro. 
La fuga di Nathalie corre attraverso l'America rurale, che dagli anni 60 in poi non era già più l'autentico paradigma dell'American way of life ma - vero o no che fosse (e c'è ovviamente del pregiudizio nei registi di quegli anni) - un territorio già fin troppo esplorato e allo stesso tempo non (più) conosciuto, ostile.
E' una fuga senza scopo perchè, appunto, la frontiera non c'è più e gli spazi che si aprono davanti ai due non sono più pieni di promesse e di speranze…

Basically the search is the same no matter how you undertake it. The young wife (Shirley Knight) In "The Rain People" and the Peter Fonda character in "Easy Rider" are lineal descendants of the most typical American searcher of them all, Huckleberry Finn. The rules of the game say these searches are always undertaken by two companions: a sophisticate, and an innocent. So Huck Finn takes along the slave, Jim. And Peter Fonda takes along the pothead (played by Dennis Hopper). And Shirley Knight picks up a hitchhiker (James Caan) who was a college football player until he got banged on the head and that made him an innocent.
The function of innocents is to be satisfied and ask obvious questions. They dig things. They like catfish (Jim) and getting stoned (Hopper) and they love a parade (Caan). And they can't understand why their companion on the quest doesn't just settle down and take it easy…

Coppola a adopté un rythme lent, soutenu par une ballade mélancolique dont il n’abuse pas, mais le film recèle des scènes marquantes dans lesquelles il sait instaurer un malaise persistant : que ce soit dans l’hôtel où Natalie joue à « Jacques a dit » avec Killer, jusqu’à l’humilier (magnifique plan-séquence vue dans un triple miroir) ou dans la rencontre avec Ellen, l’ex-petite amie de Killer qui le rejette violemment, le spectateur ne peut qu’être troublé par des jeux de pouvoir brutaux. 
Même si les raisons du départ de Natalie restent confuses, le scénario prend soin de la définir par des caractéristiques récurrentes, comme le fait de parler d’elle à la troisième personne. Mais son départ sonne surtout comme le symbole d’un mal-être, qui imprègne toute une génération ; il n’est d’ailleurs pas indifférent que la même année, Dennis Hopper tourne Easy rider et que, au détour d’un plan, on voie le titre Bonnie and Clyde : consciemment ou pas, Coppola s’inscrit dans ce qui va devenir le « Nouvel Hollywood » et remet en cause, le temps d’un beau film, aussi bien la morale traditionnelle que la mise en scène classique. Il se lancera ensuite dans l’opulence opératique triomphante avec les Parrain ou Apocalypse now, mais sa veine intimiste ne mérite ni dédain ni condescendance : Les gens de la pluie est un grand film.

venerdì 8 febbraio 2019

ricordo di Albert Finney

Boxcar Bertha (America 1929 – Sterminateli senza pietà) – Martin Scorsese

tratto da un libro (qui) di Bertha Thompson, il film racconta una storia e la Storia in tempi in cui la vita, degli altri, aveva poco valore (e ci stiamo riavvicinando a quei tempi fascisti, con altri nomi).
Bertha e i suoi compagni vivono una vita al limite, combattendo per i diritti dei lavoratori, in tanti modi, e subendone il prezzo.
attori straordinari, nelle mani di un regista che ha girato film indimenticabili, si chiama Martin Scorsese.
cercatelo, non ve ne pentirete - Ismaele






… I rinnegati ed amori che come vengono vanno, un ritratto a tinte forti, una fotografia dell’America che non si guarda alle spalle e che tende a dimenticarsi di tutto ciò che non gli fa comodo.
Scandaloso per i tempi, ma ancora oggi è parecchio libertino, effetti spicci (vedi incidente iniziale), vezzi estemporanei nelle soggettive, scene di sesso curate e tanto sangue.
Tutto sotto una direzione d’eccellenza, segno che se nessuno si può inventare miracoli, è ancor più vero che non servono grandi palcoscenici per manifestare un talento e che quando c’è è facile muoversi; la gavetta rimane pur sempre un passaggio che non si dimentica, anche per l’autore stesso ma ancor di più per lo spettatore che può assaporare un’ulteriore sfumatura di quello che ormai è un mito assodato (Martin Scorsese of course, non l’avevo ancora nominato).
Decisamente valido anche il cast, Barbara Hershey segna nettamente la visione, ma anche il resto dei protagonisti è di gran livello con David e John Carradine sugli scudi.
Il “resto” (virgolettato, perché poi fa la differenza, in positivo) lo fa il finale, violento, feroce e doloroso, un addio che giocoforza ci accompagna a lungo; così Martin Scorsese lascia il primo segno che conta e saprà accrescersi successivamente.
Spietato ed avvincente, tutto ha un’origine.

…Lo scontro tra le due Americhe, egualmente profonde e per questo costantemente a rischio di giungere a un conflitto “civile”, non è mai diretto, perché l’America del “capitale” usa come vettori della normalizzazione i poliziotti, ossia esclusi che hanno indossato la divisa. Si irride, quindi, la definizione classica secondo cui gli Stati Uniti rappresenterebbero la culla della democrazia o, ancor meno, della libertà, descrivendo semmai una più realistica visione di uno Stato oligarchico che garantisce la difesa delle elite attraverso il ricorso all’apartheid. Simbolica, a questo proposito, la scena, che poi sfocia in tragedia, in cui lo sceriffo locale decide di fare pestare Big Billy Shelley in carcere, dopo che quest’ultimo ha solidarizzato con un nero. Scorsese così coglie il carattere fondamentale dell’apartheid, che è il modo in cui il potere affronta le crisi sociali e governa, come è ben evidente oggi in Italia, perché consapevole del fatto che la propria sopravvivenza dipende dalla separazione dei simili e dalla esacerbazione di differenze superficiali tra di essi.
Girato nel 1972, ossia nell’anno del pieno trionfo della presidenza Nixon ma nel periodo di più radicale contestazione della società americana da parte delle sue avanguardie sociali, il film riflette il contesto storico in cui è stato pensato, lanciando una amara parola di speranza, esemplificata dalla splendida scena finale. In anni in cui era normale farlo, Scorsese elabora una bella e sensata critica del sistema capitalistico americano, anche se a volte l’opera subisce dei cali di ritmo che tuttavia sono poco rilevanti a fronte di una quasi opera prima che annuncia già il talento e la brillantezza di uno dei più grandi, e sofferti, autori contemporanei.

…The movie is set in a murky Southern territory of sweat and violence, and gives us Bertha as a forthright young girl who a gets involved in violence almost by accident. She falls in love with a certain Big Bill Shelley (David Carradine), who seems loosely modeled on the anarchist organizer Big Bill Haywood. The two of them meet other friends: Rake Brown, a slick young gambler with a yellow streak, and Von Morton, a sturdy black who wields harmonica and shotgun.
And then their gang is complete and their first murder just sort of happens when Bertha shoots a gambler who is about to shoot Rake. The movie's progression from young love to the most-wanted list reminds us of "Bonnie and Clyde," and I suppose it was meant to. But there's a lot more going on than a remake or rip-off.
I have the notion that Roger Corman, American-International's most successful producer of exploitation films, sent his actors and crew South with the hope of getting a nice, simple, sexy, violent movie for the summer trade. What he got is something else, and something better. Director Martin Scorsese has gone for mood and atmosphere more than for action, and his violence is always blunt and unpleasant -- never liberating and exhilarating, as the New Violence is supposed to be. We get the feeling we're inhabiting the dark night of a soul…

America 1929 segue le peripezie della vagabonda Bertha Thompson e dei suoi tre complici, un baro, un sindacalista “bolscevico” e un “negro” lungo le ferrovie del sud degli Stati Uniti tra razzismo, intolleranza e Grande Depressione. I protagonisti dunque non sono i classici gangster che agiscono nella disperata rincorsa dell’effimero sogno americano, bensì emarginati che inaugurano l’ampia galleria di outsider scorsesiani. Per ragioni diverse, dovute a sesso, stile di vita, ideologia o razza questi antieroi sono mossi dal bisogno di essere accettati da una società che invece li respinge, additandoli come minacce per il proprio equilibrio ora minato ed incrinato dalla crisi del 1929. Schegge involontariamente deviate dall’ordine prestabilito e vittime di violente repressioni, la loro è una lotta per la sopravvivenza, dove il furto è obbligato dalla fame e dalla necessità di spingersi più in là, verso un nuovo posto da chiamare – provvisoriamente – casa. La forte simbologia che permea questa sorta di Easy Rider anni Trenta (in particolare nel finale) ne fa metafora dell’allora attuale situazione politica interna, in cui le lotte sociali cercavano di dare voce a un’America nuova in via d’affermazione. Una vena politica insolitamente diretta per una produzione di Corman, attraverso cui l’allora trentenne Scorsese dimostrava già le sue potenzialità, tra cui la matura capacità di realizzare un prodotto per il pubblico senza tradire la propria vocazione artistica e ideologica. Primi passi concreti di una carriera in divenire…